jueves, 14 de marzo de 2019

Química..


La Astroquímica utiliza telescopios, que generalmente son radiotelescopios, que junto con el empleo de la “espectroscopia” hace posible detectar y determinar la naturaleza de las sustancias presentes en el universo. Después de la invención del telescopio, es probablemente la invención del espectroscopio y la ciencia a él ligada, la espectroscopía, uno de los mayores hitos de la historia de la instrumentación astronómica. En 1860 se construyó el primer espectroscopio, instrumento que revolucionó la química y la astronomía y que abrió las puertas a un camino nuevo para entender el Cosmos.
Cuando se calienta un elemento químico, emite luz a frecuencias características, el  “espectro de emisión”, luz que una vez analizada mediante un espectroscopio y convertida en un “espectro”, se transforma en la “huella dactilar” que lo identifica sin el menor equívoco. Asimismo, los elementos pueden absorber a las mismas frecuencias que emiten, dando lugar a los “espectros de absorción”, que son una especie de arco iris al que le faltan los colores correspondientes a las frecuencias absorbidas por la sustancia. Ambos espectros son complementarios.

Con la ayuda del espectroscopio no solo se pudo desarrollar una poderosa tecnología que permitía analizar las sustancias en los laboratorios, sino que acoplando el instrumento al telescopio fue posible confirmar la existencia en el espacio de elementos bien conocidos, primero en el Sol y después en las estrellas lejanas.
A principio del siglo XX, después de constatar la existencia de numerosos elementos químicos en estrellas y entornos estelares, éstos fueron encontrados en el espacio aparentemente vacío existente entre las estrellas. En 1904, se descubrió el calcio ionizado (Ca+, átomos de calcio a los que les falta un electrón). Este hallazgo se produjo en aquel tiempo con observaciones espectroscópicas de la “estrella delta” de la constelación de Orión. Poco después fueron descubiertos en el espacio interestelar calcio atómico, Ca, potasio atómico, K, y titanio ionizado, Ti+, lo que indujo a pensar también en la existencia de “especies químicas” de varios átomos, resultado de la formación de enlaces químicos entre los átomos, la cual se confirmó entre 1937 y 1942 con el descubrimiento de las “especies químicas” CH, CH+ y CN. Estas especies, al igual que otras muchas cuya existencia es conocida actualmente en el medio interestelar, solo pueden generarse en los laboratorios de nuestro planeta durante breves periodos de tiempo y empleando condiciones muy energéticas como las originadas en descargas eléctricas o mediante radiación de alta energía. Además son muy reactivas e inestables desde la perspectiva terrestre y solo pueden existir en las especiales condiciones físicas reinantes en el “medio interestelar· (MIE). Había nacido la “química interestelar”.
Recordemos el “espectro electromagnético”, con sus correspondientes “frecuencias” y “longitudes de onda”:



No debe extrañarnos que estos primeros descubrimientos se realizaran en el intervalo visible del espectro. El aire de nuestra atmósfera absorbe la mayoría de las ondas electromagnéticas procedentes del espacio y solo deja pasar una parte de las infrarrojas, las visibles y casi todas las ondas de radio: